Actividad 3. Más allá del punto en la “i”
Nombre:
Victor Manuel Cañedo Prado
De Guadalajara, Jalisco
Propósito:
Aplicar los elementos de argumentación discursiva a través de la elaboración de un comic.
Descripción:
En esta actividad te darás a la tarea de elaborar un comic con base en la lectura revisada en la actividad 2. ¿Cómo se lee?.
1.- Recupera alguna de las tres lecturas que utilizaste e la actividad anterior.
2.- Desarrolla un escrito con base en los elementos y estrategias discursivas que revisaste en esta unidad, (recuerda que este escrito debe tener un inicio, un desarrollo, y un cierre).
3.- Reflexiona, sintetiza y organiza las ideas más importantes.
4.- Con base en el archivo, crearás una secuencia de imágenes que acompañe lo que dice tu escrito.
5.- La secuencia de imágenes debe adecuarse al contenido de lo que dice tu escrito.
6.- Crea tu comic. El siguiente vínculo electrónico presenta una serie de herramientas digitales y ejemplos para realizar un comic.http://www.eduteka.org/comics.php
7.- Al final del escrito que elaboraste incluye tu comic o en caso de haberlo creado en línea incluye el vínculo de la página donde se encuentra alojado.
8.- Guarda tu archivo con la siguiente nomenclatura: primerNombreApellidopaterno_eje4_actividad3.
"La disciplina de la imaginación"
de: Antonio Muñoz Molina
Resumen:
La literatura, como tiende ahora a creerse, es un adorno, un fetiche de prestigio, para pavonearse ante los ojos embobados de la triubu, si es una materia fósil y apartada de la vida que sólo puede interesar a los eruditos, entonces tienen razón quienes la desdeñan y quienes poco a poco la eliminan de los planes de estudio, y también tiene razón esa abrumadora mayoría del público que jamás se interesa ni se interesará por ella. Si la literatura es superflua, ustedes y yo, que de un modo u otro nos ganamos la vida gracias a ella, tendremos razón si nos sentimos impostores y si en rachas de desaliento pensamos que carece de sentido un oficio que a nadie más que a nosotros le importa.
La literatura no es cultura, sino algo mucho más serio y más elemental. La literatura, su médula, es una consecuencia del instinto de la imaginación, que opera con plenitud en la infancia y que poco a poco suele ir atrofiándose como todo órgano que se deja de usar.
La literatura que importa, ya lo dije, es como el agua y como el pan, y su lectura nos contagia el vigor de la lucidez. La literatura de simulacros es como un narcótico que nos induce a la pasividad de los fumadores de opio. Comprenderán que es natural que esta última sea la más alabada. Comprenderán también que desde mi punto de vista la tarea del que se dedica a introducir a los adolescentes en el reino de los libros es la de enseñarles que éstos no son monumentos intocables o residuos sagrados, sino testimonios cálidos de la vida de los hombres, palabras que nos hablan con nuestra propia voz y que pueden darnos aliento en la adversidad y entusiasmo en la desgracia.
En la actualidad, la Cultura es el campo del prestigio, mientras que la educación apenas ocupa páginas de verdadera relevancia en los periódicos, ni es motivo, en general, de la atención sincera y preocupada de los que se dedican al periodismo, y casi tampoco de los que se dedican a la política, incluso a la política educativa.
La cultura es un escaparate y una coartada, en ocasiones de lujo, sobre todo para los gerifaltes de las satrapías autonómicas y municipales que gastan sin el menor escrúpulo de responsabilidad presupuestaria. La educación es un oficio que ha sido despojado en los últimos años de toda su dignidad pública y de gran parte de su legitimidad moral. Para alcanzar la categoría de lo culto no es necesario saber, sino estar al día. Más que el maestro ilustrado y perseverante importa el nebuloso gestor de actos culturales, el intermediario que seguramente no sabe hacer de verdad nada, pero que se las sabe todas, y por lo tanto puede ofrecer al político lo que éste más aprecia y exige, un brillo de modernidad inatacable, un titular de periódico o unos segundos en la televisión.
A nadie le interesa aprender cosas inútiles. Desde que nacemos nuestros aprendizajes están ligados a nuestro instinto de supervivencia y a nuestra necesidad de comprender el mundo y hacernos una idea razonable de nuestra posición en él.
Conclusión:
Parece imposible que la gente se olvide un poco de la televisión para consagrarse a la literatura, y que en las escuelas exista de verdad la posibilidad de que profesores y alumnos compartan la experiencia del aprendizaje de la imaginación y de la racionalidad, que son también virtudes cívicas, pero vale la pena la temeridad de intentarlo.
Se nos educa para disciplinarnos en nuestros deberes, pero no es nuestros placeres., por eso nos cuesta tanto trabajo ser felices.
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